Tengamos presente también que esta relación de elección propia es de por vida. Un error en este sentido es un error hasta la muerte. Leemos en la Palabra de Dios, al comienzo de Romanos 7, que la mujer casada está sujeta por ley al marido mientras éste vive. Ay de aquellos y aquellas que están atados de por vida por un lazo que es sólo por ley, y no por un amor que resistirá la prueba y la tensión del acontecer diario.

Uno puede equivocarse en cuanto al empleo que acepta o la casita que alquila, pero puede cumplir con trámites legales para salir de la situación infeliz en que se metió. Puede que uno pierda algo, pero muchas veces recupera la pérdida a lo largo. Pero una equivocación en el escogimiento de su cónyuge es un error del cual usted no va a salir en esta vida. Si es pérdida, es pérdida irreparable.

Extraido del libro «Noviazgos y Matrimonios» de los autores: L. E. Linsted, H.E. Marsom, N. R. Thomson, David R. Alves

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