Dios nos habla cada vez que leemos la Biblia y nosotros le hablamos a Él cada vez que oramos. La oración permite que tengamos una comunión continua con el Señor. Muchas personas se intimidan con esta práctica, pero qué bueno que Jesús nos dejo un ejemplo con la oración del Padre Nuestro. Jesús hizo esta oración después que sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar.
Lo importante en la oración es la sinceridad y la fe. Dios quiere que le hablemos. El desea que vengamos a Él con todas nuestras necesidades, emociones, preguntas, y peticiones. Cuando oramos mostramos que confiamos en lo Él es capaz de hacer. Dios nos escucha donde quiera que estamos, así que nadie tiene la excusa de no tener tiempo para orar. Orar y leer la Biblia deben ser prácticas diarias.
«Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.» Mateo 6.5-8