Obediencia a los padres. Un joven cristiano debe ser obediente a sus padres. Se dio este mandamiento en el Antiguo Testamento y se lo repitió en el Nuevo; Exodo 20.12, Deuteronomio 5.16, Efesios 6.1 al 3. Cristo mismo es nuestro ejemplo; Lucas 2.51, 1 Pedro 2.21. Puede que esto sea difícil para jóvenes cuyos padres son incrédulos, pero es lo que Dios espera de sus hijos, salvo que la exigencia parental sea clara y directamente contraria a la voluntad de Dios; Hechos 5.29.

Crecimiento en sabiduría y estatura. El crecimiento en estatura es algo que no podemos controlar, Mateo 6.22, pero sí podemos ayudarnos a crecer en sabiduría. Dios ha prometido dársela abundantemente al que pide; Santiago 1.5. En esta etapa de su vida el creyente joven debe aprender algún oficio o profesión; 1 Tesalonicenses 4.11.

En este oficio, él debe procurar llegar a ser “un obrero que no tiene de qué avergonzarse”, como dice 2 Timoteo 2.15. Empero, no debe olvidarse de que “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría”, Proverbios 9.10.

Este es el período de la vida cuando por regla general la mente está en su mejor condición, y es el tiempo por excelencia para echar una buena base de conocimientos de la Palabra de Dios. Este conocimiento de la Palabra protegerá a cualquier joven de los peligros que trataremos al final del capítulo.

Extraído del libro «El Cristiano en el Hogar» de los autores: J. W. McMillan, D.R.A. David K. Vallance, H. Ernest Marsom

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