La juventud es un período determinante; se toma decisiones y se forma hábitos que influirán grandemente en toda la vida. Para los fines de este capítulo la definiremos como el período entre el alcance de la madurez sexual -vamos a decir los trece años- y el matrimonio. Algunos escritores occidentales la llaman “el decenio”, aunque su duración varía mucho. En no pocos países puede ser mucho menos de diez años, especialmente para las damas.
Para esta etapa de la vida encontramos un magnífico ejemplo en el propio Señor Jesucristo. A los doce años un muchacho judío era aceptado como hombre para los asuntos de la religión, y desde esa edad tomaba su puesto en la vida religiosa del vecindario. Cuando el Señor Jesús tenía doce años El acompañó a María y José a Jerusalén; Lucas 2.42 al 50.
Luego vinieron lo que se llama “los dieciocho años de silencio” en Nazaret, descritos en dos versículos cortos pero significantes. Lucas 2.51,52 relata: “Descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.
Aprendemos tres cosas:
- Él estaba sujeto a sus padres
- Creció en sabiduría y estatura
- Creció en gracia con Dios y los hombres
Extraído del libro «El Cristiano en el Hogar» de los autores: J. W. McMillan, D.R.A. David K. Vallance, H. Ernest Marsom