Huid de las pasiones juveniles, 2 Timoteo 2.22. Universalmente se reconoce al Cantar de los Cantares como una de las más grandes canciones de amor que existe en la literatura. Su “coro” bien podría ser aprendido por todo creyente joven. El “coro” figura en 2.7, 3.5 y 8.4, y es: “Yo os conjuro… que no despertéis ni hagáis velar el amor hasta que quiera”. Generalmente se considera que el sentido es, “hasta que [el amor] quiera”, y no hasta que el amado o la amada quiera.
En otras palabras, no debemos hacer nada para despertar nuestras pasiones sexuales. Hay tres maneras posibles en que éstas se expresan, y todo creyente joven debe estar en alerta para defenderse de ellas. La primera es cualquier forma de estímulo propio. La segunda es cualquier contacto sexual con otra persona del mismo sexo. La tercera es cualquier contacto sexual con una persona del otro sexo.
La primera no se menciona específicamente en las Escrituras, pero obviamente ella está en conflicto con los principios ya expuestos. Las otras dos se condenan terminantemente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; Levítico 20.10 al 13, 1 Corintios 6.9,18. Son razón para que uno sea excluido de la comunión de la iglesia local, 1 Corintios 5.9 al 13, y pueden dañar permanentemente nuestro testimonio como cristianos.
Por supuesto, “huir” de estos pecados quiere decir evitar el compañerismo de aquellos que los practican. “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas”, Proverbios 1.10. En lo posible, debemos guardarnos de situaciones en que estas tentaciones suelen presentase.
Guardar los dichos de Dios. Dijo el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”, Salmo 119.11. El temor y conocimiento de Dios es el mejor resguardo contra cualquier pecado, incluyendo el pecado sexual; Proverbios 6.20 al 35. Lea y estudie el libro de Proverbios con esto en mente.
El relato de José nos brinda un ejemplo hermoso en este sentido. Era esclavo en tierra extraña pero con todo pudo resistir una tentación terrible a pecar, porque temía a Dios; Génesis 39.7 al 12. La espada del Espíritu es la Palabra de Dios. Si la utilizamos bien, podremos, con la ayuda del Señor, soportar las tentaciones propias de la juventud. En consecuencia, estaremos en mejores condiciones para recibir las responsabilidades y privilegios de la vida de casado cuando llegue el tiempo para ello.
Extraído del libro «El Cristiano en el Hogar» de los autores: J. W. McMillan, D.R.A. David K. Vallance, H. Ernest Marsom