Cuando se dan estas cosas debemos estar listos para no permitirlas pues hacen daño a la iglesia.
No debemos permitir que los ociosos roben la tranquilidad y bienestar de la iglesia con sus discusiones de meras palabrerías.
El texto dice “no contender sobre palabras”. No son asuntos concretos. No son doctrinas concretas, sino solo palabras. Pablo lo expuso mas claro: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. (Romanos 14:1)
Entre las discusiones de palabras que llevaban a cabo en el primer siglo estaban:
1. Las fabulas y genealogías interminables.
“Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4 ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora”. (1 Timoteo 1:3-4) Los judíos les encantaban contar historias, mitos de sus antepasados. De todo lo que hicieron.
2. Fabulas profanas de viejas.
“Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad…” (1 Timoteo 4:7) Es decir, pertenecientes a mujeres viejas. Aquí esta hablando de los cuentos y mitos pecaminosos de mujeres ancianas del mundo. Las viejas, ya que disponen de tiempo libre, tienden a pasar su tiempo chismeando y contando cosas ridículas, para convencer de ello a otras.
3. Asuntos en cuanto a la ley de Moisés.
“Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”. (Tito 3:9) Falsos maestros que estaban torciendo las escrituras para esconder su pecado.