La sabiduría empieza cuando le pedimos a Dios que él sea nuestra fuente de sabiduría. Está en la Biblia, 1 Reyes 3:9, «Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?»

Dios ofrece sabiduría práctica para aplicarla a la vida. Está en la Biblia, Salmo 119:97-98, «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo».

Confíe en Dios; él le hará verdaderamente sabio. Está en la Biblia, Proverbios 1:7, «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza».

Sabiduría es la habilidad de ver la vida desde la perspectiva divina y luego escoger la mejor forma de actuar. Está en la Biblia, Eclesiastés 8:1, «¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará».

Llegamos a ser más sabios cuando somos más parecidos a Cristo. Está en la Biblia, Lucas 2:40, «Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios esa sobre él».

Podemos pedir a Dios sabiduría para que él nos guíe en nuestras selecciones. Está en la Biblia, Santiago 1:5, «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada».

La verdadera sabiduría no viene de las filosofías e ideas humanas. Está en la Biblia, Colosenses 2:8, «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo».