Muchas veces uno se olvida de una cierta verdad acerca de la vida de los hijos de Dios a quienes Él ama tanto. Es que ha asumido la responsabilidad de ser un Padre a los que le obedecen; hace para ellos todo cuanto necesitan; “seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas “, 2 Corintios 6:18.
Como Padre, tiene un plan y un propósito para la vida de cada hijo; Efesios 2:10. Hay una cierta senda a lo largo de la vida que Él ha establecido en amor perfecto y conocimiento absoluto, y quiere que la persona ande en ella. Es como la luz de la aurora que va en aumento hasta el día perfecto, Proverbios 4:18. Esa senda es la comprobación diaria de aquello que es la buena voluntad de Dios; es el descubrimiento diario de la bondad que Dios ha guardado para los que le temen y que demuestra delante de los ojos de los hombres. Véanse Romanos 12:2 y Salmo 31:19.
La auténtica vida cristiana es el desenvolvimiento práctico del bueno y agradable propósito y plan divino para cada creyente en particular. Si el matrimonio figura en ese plan perfecto que su Padre celestial tiene para la vida suya, entonces en algún rincón de este vasto mundo está aquella persona que Dios tiene designada para usted. “Será ésta la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor “, Génesis 24:14,44.
Dios hizo una ayuda idónea para Adán, y en el momento apropiado en su vida la trajo; Génesis 2:22. Todavía, en la vida de cada verdadero hijo de Dios todo legítimo compromiso para casarse es producto de la obra de Dios en juntar dos vidas. Todo noviazgo realizado según la voluntad divina es literalmente esto mismo; es que los dos se encuentran porque ambos están “en el camino “, guiados por Jehová; Génesis 24:27.
¡Cuán importante es, entonces, que usted tenga la confianza de estar en la senda de la voluntad de Dios! Es sólo en ese camino que el Isaac de hoy va a encontrar al lado del pozo la Rebeca destinada. Es por la senda de la obediencia a lo que Dios revela que la Rut moderna se encontrará en la era de su Booz señalado.
Además, cada matrimonio acertado —en el Señor y del Señor— es fusión de dos vidas. El Señor expuso la doctrina del matrimonio como “lo que Dios juntó “, enseñando que “no son ya más dos “. En una unión de esta índole, la esposa es el obsequio que Dios da al marido y él es lo que Dios da a ella. Adán tenía razón al hablar en Génesis 3:12 de “la mujer que me diste “. Leemos en Proverbios 18:22 que “el que halla esposa halla el bien “. La mujer es la gloria del varón; 1 Corintios 11:7.
El dador agrega valor al obsequio. Un regalo puede ser de mucho precio por sí, pero su valor para uno se aumenta grandemente al ser dado por una persona que estimamos y amamos sobremanera. ¡Qué valor, entonces, cuando Dios es quien da! La unión encierra un regocijo santo cuando se sabe que el novio y la novia han sido dados el uno al otro por Dios. No es la mera coincidencia de circunstancias, la mera fascinación por hermosura exterior, ni el impulso repentino de una emoción; es más bien la obra de la mano de Dios que le permite saber que “de Jehová ha salido esto “, Génesis 24: 50.
Claro está que el uno es precioso al otro por sus cualidades propias, pero mas es así porque cada cual ve al otro como enviado de Dios. “Que lo sabe todo el Padre es mi certitud, y que en gracia Él por mí vela con solicitud “.
Extraido del libro «Noviazgos y Matrimonios» de los autores: L. E. Linsted, H.E. Marsom, N. R. Thomson, David R. Alves